EL PENDÓN DE SANTIBÁÑEZ EN BILBAO
(16 DE OCTUBRE DE 2005)

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( REPORTAJE FOTOGRÁFICO REALIZADO POR
JOSÉ ANTONIO FALAGÁN Y ANDRÉS Y LORENA RIVAS )


Hace ilusión ver un símbolo de tu tierra en la ciudad en la que vives cuando ésta no es tu lugar de origen. Por eso, a las 600 personas venidas de más de 40 pueblos de León, nos unimos en Bilbao muchas de las que habíamos venido de allí años atrás para vivir aquí. La procesión de pendones, algo insólito en esta ciudad, dejaba atónitos a los lugareños y desconcertados a los muchos turistas que últimamente recalan por aquí. Unas "banderas tan grandes" paseándose por las calles de Bilbao, no podían pasar desapercibidas y, al día siguiente, todos los medios de comunicación se hacían eco del evento. Todo ello, a pesar de la escasa publicidad que se había hecho de él y de que el radiante día veraniego, en pleno otoño, empujó a mucha gente hacia las playas.

Para todos los que viajaron ese día en el tren de La Robla fletado para tal fin, la jornada fue de 24 horas seguidas y sin tregua. Un viaje hacia Bilbao de noche, sin posibilidad de contemplar los bellos paisajes en su discurrir por el norte de las provincias de León, Palencia y Burgos hasta adentrarse en Vizcaya; la exhibición de los pendones por las calles de Bilbao durante un largo recorrido, la comida en la feria de muestras y, otra vez, el lento tren de vía estrecha que los devolvería a León. Un viaje relámpago pero impactante. El cansancio era perceptible en sus rostros pero la ilusión de ser los embajadores de su tierra, también.

La reducida representación de Santibáñez (parece ser que las plazas estaban limitadas), fue suficiente para mantener nuestro pendón en alto a lo largo de todo el recorrido. La destreza y habilidad de nuestros "pendoneros" no dejó de llamar la atención. Era el pendón más alto de la comitiva y eso imponía. Sortear los semáforos o encaminar el mástil entre los enramados tilos de la Gran Vía bilbaína requería su maña. Los que trazaron el trayecto del desfile no se lo debían creer del todo y, por si acaso, lo alejaron del recorrido del tranvía. Alguno temía un seguro caos de tráfico al día siguiente. ¡ Hombres de poca fe... !. A nuestros "pendoneros" todavía les sobraba fuerza y habilidad para bailar, pendón al cinto, al son de la música que les acompañaba.

En las fotos que puedes contemplar a continuación, verás el recorrido de los pendones por los sitios más emblemáticos de Bilbao. El inicio del desfile desde el Paseo del Arenal frente al teatro Arriaga, el paso por delante del Ayuntamiento para cruzar la ría y adentrarse en la Gran Vía, eje principal de la ciudad. Allí, frente al palacio de la Diputación, exhibición de bailes regionales. Alcanzada la plaza Muyúa, los pendones rodearon la plaza creando una estampa de colorido inusual bajo un sol radiante. El  trazado inicial del recorrido se altera por "problemas de agenda" de las calles y la comitiva se encamina hacia el parque de Doña Casilda. Allí tiene lugar una exhibición didáctica de lucha leonesa y la representación de autoridades venidas de León intercambian saludos y regalos con las autoridades bilbaínas encabezadas por el alcalde de Bilbao. Por lo que pude observar (la megafonía no era ninguna maravilla), lo que más ilusión le hizo al alcalde fue el regalo de una réplica del gallo de San Isidoro. Parece ser que era lo que le faltaba para completar el gallinero municipal (la ocurrencia es del propio alcalde). Allí ya el agotamiento de los "pendoneros" era manifiesto pero todavía les quedaba un buen tramo que recorrer para alcanzar el museo Guggenheim, ahora la obra más emblemática e internacional de Bilbao. En una ciudad remozada tras sufrir un duro proceso de reconversión industrial, el desmantelamiento de astilleros, zonas portuarias y ferroviarias ha dejado libre gran cantidad de suelo, un bien escaso en la mayoría de las ciudades. Es aquí donde se ubica el moderno museo que ha proyectado la imagen de Bilbao por todo el mundo y atrae a gran cantidad de turistas; también están en esa zona el palacio de congresos y de la música y diversas áreas de esparcimiento y servicios, algunas todavía en construcción. Aquí las cámaras de los turistas apartaban su objetivo del exótico edificio del museo y las dirigían hacia los pendones que lo flanqueaban. Una estampa insólita y desconcertante para algunos que llegaron a creer que aquello formaba parte de una representación teatral preparada por el propio museo como reclamo turístico. Por fortuna para los "pendoneros", ese era el final del trayecto y, por fin, podían desmontar sus estandartes y relajarse un poco, antes de enfilar el camino hacia la feria de muestras para degustar el "marmitako". Alguno hasta tuvo tentaciones de pegarse un chapuzón en la ría para refrescar el sudor; pero se dio cuenta de que, aunque ya hay peces, todavía necesita algún lavado más.

El Hogar Leonés de Bilbao, homólogo de la Casa de León en otras ciudades, se ha proyectado así sobre la ciudad de forma contundente en la celebración de su 75 aniversario. Es habitual ver celebraciones de casas regionales con venta de productos de la tierra y demostraciones folclóricas; pero la espectacularidad y notoriedad alcanzada aquí las supera ampliamente. ¡ Feliz aniversario al Hogar Leonés de Bilbao ! Por otra parte, un acontecimiento de esta magnitud organizado por una sola provincia no deja de ser una muestra de la vitalidad de sus gentes y de su cultura y una forma muy vistosa de proyectarse hacia el exterior. Tal vez la falta de experiencia en la organización de este tipo de eventos o de apoyos económicos hayan hecho que los participantes hayan tenido que soportar una agenda extenuante. La labor que realizan como mensajeros de nuestra cultura en otras tierras que defienden y miman también su propia cultura, bien merece los apoyos institucionales suficientes para realizar esa labor en condiciones más gratificantes. ¡ Ánimo, pues, a nuestros "pendoneros" para seguir adelante y GRACIAS por la visita !